A Madrugada en dos ríos de Andrés Beeuwsaert
En agua esmaltada sube la canción,
orillas suaves que abren en cielo su pecho,
hasta mezclarse
encendidas, despiertas
en la madrugada, en el resplandor.
Desvelo de parpados cansados
en notas simples que hablan.
Desvelo de manos seducidas
por el canto etéreo de una mujer.
La nota cae como la voz cae,
se sumergen,
nadan en la melodía,
en el eco de la rivera
de dos ríos;
para que
la canción suba
mojada,
embellecida.